|
Programa
Aprobado en el "Congreso de
Unidad" Realizado el 14 de septiembre de 2002.
Buenos Aires -
Argentina.
Comisión de Programa
para la Unificación del Socialismo.
Integrantes: Mónica Fein, Alejandro Rofman, Alfredo
Lazzeretti, Jorge Tula, Felipe Fridman, Carlos Fidel, Enrique
Oteiza, Pablo Bonazzola, Rodolfo Mangas.
CONTENIDO
I. DECLARACIÓN DE ROSARIO.
II. INTRODUCCIÓN.
III. LOS VALORES DEL SOCIALISMO.
III. UNA SOCIEDAD LIBRE, IGUALITARIA Y SOLIDARIA.
- La defensa irrestricta y universal de los derechos ciudadanos.
- La equidad de género
- La eliminación de todo tipo de
discriminación.
- La vigencia efectiva de los derechos de la
infancia.
- La participación protagónica de la
juventud.
- La protección integral de las personas
mayores.
- El derecho de todos al trabajo.
- La inclusión e integración de los más
postergados mediante políticas sociales de carácter universal.
- Salud para todos
- La educación pública, universal,
obligatoria, laica y gratuita
- Vivienda digna y hábitat adecuado
- La integración de las personas con
necesidades especiales.
- La democratización de la cultura
- El derecho a la ciudad
- La preservación del medio ambiente
...........................................................................................................................................
IV. DEMOCRATIZACIÓN DEL ESTADO, LA
SOCIEDAD Y LA ECONOMíA 15
Democracia política y social
Democracia económica
Un Estado eficiente, transparente,
participativo y solidario
Sistema electoral y de partidos políticos
Autonomía municipal
...........................................................................................................................................
V. DESARROLLO CON EQUIDAD SOCIAL Y
SUSTENTABILIDAD 18
La refundación del Estado 18
Un nuevo modelo de desarrollo 19
La economía social 20
Sistema bancario y financiero 21
Economías regionales 22
La reforma urbana 23
Ciencia e investigación 23
...........................................................................................................................................
VI. INTEGRACIÓN EN EL MERCOSUR,
COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y PAZ MUNDIAL 23
La paz mundial 23.
La Integración regional y el Mercosur.
Respuesta a la globalización 24.
...........................................................................................................................................
QUIENES SOMOS, POR QUé LUCHAMOS
I. DECLARACIÓN DE ROSARIO
Los socialistas de Argentina nos unimos en
momentos en que el país atraviesa una crisis inédita, signada
por el desmoronamiento de un régimen político, económico y
social moldeado por la última dictadura, el endeudamiento
externo fraudulento, la hiperinflación, los golpes de mercado,
la desarticulación del Estado, la privatización del patrimonio
público, la concentración económica y la hipertrofia de un
sistema financiero ajeno a las necesidades del país y sus
vaivenes institucionales.
En ese contexto, el sistema político e
institucional padece una grave crisis de credibilidad y
legitimidad, a la que no es ajeno prácticamente ninguno de sus
actores. Y aunque ese descrédito es amplificado por los medios
de comunicación adictos al establishment y ciertos guetos
fascistas, lo cierto es que el pueblo en su conjunto ha puesto
en tela de juicio al sistema institucional. Esa crisis no puede
entenderse sin aludir a la actitud cómplice de los grandes
actores políticos, a la desvergonzada connivencia entre éstos y
un poder económico habituado a las prácticas mafiosas, al riesgo
cero y a las ganancias ilimitadas de unos pocos a expensas de
las grandes mayorías; a la impunidad de los genocidas y de los
grandes delitos políticos y económicos; a la feroz corrupción de
muchos estamentos del poder; a una Corte Suprema de Justicia
abyecta y a la incapacidad del sistema político para construir
un espacio de autonomía, decisión y soberanía colectivas frente
a la prepotencia del establishment.
El hartazgo popular, que ya se había
expresado en las elecciones del 14 de octubre y se viene
manifestando de múltiples formas, no apunta sólo contra un
puñado de personajes, por más emblemáticos que éstos sean. Para
una significativa mayoría, la propia actividad política se ha
convertido en sinónimo de corrupción, mientras su incapacidad
para trasformar la vida cotidiana de las personas ha hecho
perder todo vestigio de legitimidad.
Es que, por acción u omisión, el sistema
político ha prestado su aquiescencia a la implantación de un
régimen que condena a la inmensa mayoría de los argentinos al
desempleo, a la precariedad laboral, a la miseria, a la brutal
degradación de sus condiciones de existencia, a la inseguridad
en todas sus manifestaciones, al desamparo, a la privación de
sus derechos civiles, sociales y laborales.
La indignación tiene, entonces, raíces
profundas. Y, cada vez más, para desesperación del
establishment, se dirige contra el modelo que nació en 1976 con
la dictadura sanguinaria, asistió a su dramática expansión bajo
la oprobiosa década menemista y se profundizó bajo el gobierno
de Fernando de La Rúa. Es precisamente la continuidad de ese
régimen la que está en la base del enorme descrédito que exhiben
hoy las instituciones republicanas.
Sin embargo, y con el apoyo de la potencia
hegemónica, el poder económico –conformado por los acreedores
externos, los organismos multilaterales que les responden y los
grupos más concentrados, asociados al sector financiero y los
consorcios emergentes de la privatización de los activos
públicos- sigue demandando que se profundicen la desarticulación
del Estado y las condiciones de explotación que padecen los
trabajadores, que se rebajen las exiguas cargas impositivas que
pesan sobre el capital, que sigan licuándose las deudas
empresarias a costa del conjunto de la sociedad, y aun que se
garantice la impunidad de los delincuentes económicos ligados al
establishment.
La situación descripta nos coloca ante un
crucial desafío político, que es necesario enfrentar con
decisión, audacia, responsabilidad y compromiso. Por ello, los
socialistas de Argentina hemos decidido dejar atrás décadas de
estériles desencuentros, fragmentaciones y divisiones, para
acometer la enorme y trascendente tarea de reconstruir una
herramienta política común para todos los socialistas.
A 106 años de distancia de aquel Congreso
constituyente donde nacía la primera organización política
moderna de la Argentina, decidida a representar a la nueva clase
que emergía de las entrañas del sistema capitalista, a preparar
su emancipación del yugo explotador y a fundar un nuevo orden
económico y social, este Partido Socialista viene a recuperar lo
mejor de nuestras tradiciones y, al mismo tiempo, a responder al
surgimiento de nuevas demandas y nuevos actores sociales con un
programa renovado y una acción consecuente capaces de impulsar
la profunda transformación que el país necesita.
Hoy más que nunca, frente a la gravedad de la
crisis política, económica y social, y a las presuntas opciones
que, dictadas bajo la hegemonía del pensamiento único, no pueden
conducir sino a profundizarla, la alternativa del socialismo
adquiere una renovada significación para los trabajadores, los
explotados, los marginados y los excluidos, en fin, para quienes
aspiran a una sociedad más libre, más justa, más solidaria y más
democrática.
Por eso, la construcción de una herramienta
política unitaria, de enorme potencialidad política y social, es
para nosotros una decisión estratégica.
Mientras el poder económico discute quien
encarnará el proyecto político retardatario de la vieja derecha,
los socialistas, junto al conjunto de la izquierda democrática y
a los demás sectores progresistas comprometidos con un proyecto
de transformación profunda de la sociedad, debemos también
prepararnos para lo que será una confrontación decisiva por el
futuro de la Argentina.
Frente a la alianza de los herederos de la
dictadura, los personeros del modelo neoliberal y de rapiña hoy
vigente y los representantes de una cultura política agotada y
cómplice, debemos ser capaces de congregar a las fuerzas más
avanzadas y dinámicas de la política, la economía y la sociedad
para ser protagonistas de la construcción de otro modelo de
país.
Los socialistas hemos venido denunciando
tenazmente las claudicaciones que nos llevaron al actual estado
de cosas, proponiendo alternativas y abriendo cauces, para que
las coincidencias con un amplio abanico de fuerzas políticas y
sociales conformen el sustrato de una gran coalición de
izquierda democrática, que hoy se expresa en las calles, en las
asambleas populares, en las luchas heroicas del pueblo
argentino, pero que aún no tiene vertebración orgánica.
Un Partido Socialista único, fuerte,
avanzado, popular y democrático, como el que hoy refundamos,
está en condiciones de convertirse en la avanzada de esa gran
coalición, para transformarla en una herramienta capaz de
encarnar una alternativa de poder y llevar adelante el cambio
que la sociedad argentina nos está demandando.
Ese cambio sólo será posible en el contexto
de una integración más activa y comprometida de los pueblos
latinoamericanos. Y, en esa tarea, una convergencia de las
fuerzas progresistas de la región sustentada en la más genuina
vocación internacionalista y la constitución de una fuerza
socialista del MERCOSUR están llamadas a convertirse en una
poderosa palanca de renovación política, progreso económico y
social, e identidad cultural.
Por ello, tomamos hoy la decisión de
construir un único Partido Socialista, sobre la base de los
partidos Socialista Democrático y Socialista Popular.
Y convocamos al resto de las fuerzas y
agrupaciones socialistas hoy existentes, así como a los millares
de argentinos que aún permanecen fuera de las estructuras
vigentes pero que comparten nuestro ideario, a emprender el
renovado y trascendente desafío de reconstruir el partido único
de todos los socialistas y avanzar así en la construcción de una
sociedad más libre, más democrática, más justa y más solidaria:
la sociedad socialista.
II. INTRODUCCIÓN
Los argentinos ingresamos al nuevo siglo con
el peso de una crisis que no tiene antecedentes en nuestra corta
historia. El país que muchos de nosotros conocimos, y que se
distinguía por una educación pública que nos preparó para ser
ciudadanos, que construyó un estado social que a pesar de sus
déficits promovió nuevos derechos, que logró ser el más
igualitario de esta parte del mundo, que generó una gran
movilidad social, que esbozó un proyecto nacional con fuerte
énfasis en una industrialización sobre crecientes bases
tecnológicas propias, que alcanzó el pleno empleo y que fue
capaz de iniciar un proceso de desarrollo, pues bien, ese país
no existe más.
Al interior de esta historia el Partido
Socialista ocupó un papel claramente positivo en la primera
mitad del siglo. El Partido Socialista contribuyó y mucho en las
luchas sociales y políticas desde fines del siglo XIX, siendo un
gran impulsor de las reivindicaciones a favor de la justicia
social y en particular, la legislación laboral. También dejó su
marca en movimientos como el de la Reforma Universitaria del
’18, el cooperativismo y el mutualismo, la defensa de la
democracia política y social, y las luchas en defensa de los
derechos humanos. Sin embargo su influencia y su perfil se
fueron desdibujando a partir de la segunda mitad del siglo
pasado. Desde la década del ’50 divisiones estériles
contribuyeron fuertemente a que el socialismo no tuviera la
fuerza suficiente como para abrir reales alternativas al marcado
deterioro que la sociedad fue experimentando en forma creciente
desde entonces.
Todos aquellos logros, que fueron la
consecuencia de largos años de lucha de nuestro pueblo,
comenzaron a ser destruidos durante la dictadura militar de 1976
y se terminaron de abandonar debido a una despiadada política
ejecutada por el presidente Menem. Con una intensidad
desconocida en otros lados, se inició un proceso salvaje que
arrasó con los cimientos en los que se asentó la Argentina
moderna.
En este escenario, los grandes partidos han
terminado de poner en evidencia las irreversibles limitaciones
de sus cuadros dirigentes. Los primeros intentos de conformar
nuevas alianzas políticas para generar alternativas progresistas
frente al neoliberalismo conservador dominante, también
mostraron las limitaciones en la cultura política de dirigencias
provenientes de distintas experiencias históricas.
El nuevo siglo nos coloca entonces ante un
gran desafío: reconstruir el país. Pero reconstruirlo sobre
nuevas bases de equidad, solidaridad, justicia social y
eliminación de toda forma de explotación social. En ese
cometido, es notorio que deberá replantearse a fondo, el sistema
económico-social que nutre los fundamentos de las actuales
carencias, privaciones e injusticias que agobian a la mayoría de
la sociedad argentina. Se trata del sistema capitalista salvaje,
que en su derrotero del último cuarto de siglo ha destruido las
bases de la convivencia social a partir de la entronización de
un modelo sostenido por una única meta: valorizar el capital
financiero especulativo y agredir a la producción, al salario,
al empleo y a las conquistas sociales fundamentales de los
trabajadores.
Para avanzar en otra dirección, contrapuesta
a la que nos ha llevado a esta gravísima tragedia económico
–social y política, es preciso construir un nuevo rumbo, a
partir del diseño de un Proyecto Nacional, con la voluntad de la
mayoría de la población argentina, hoy excluida y acorralada en
la miseria, el desempleo y la ausencia de una auténtica
democracia participativa.
Con este proyecto de nuevo país, superador
del que nos rigió hasta ahora, tendremos que buscar otros
caminos para insertarnos en este mundo globalizado, que nos
permita aprovechar las oportunidades que ofrece y no quedar
prisioneros de los riesgos que conlleva.
No existe política sin proyecto. Pero,
además, es imposible imaginar la superación de una crisis tan
profunda como la actual sin un Proyecto Nacional. Este proyecto,
como es obvio, deberá ser diseñado en el marco de un avance
irrefrenable del capitalismo financiero especulativo, y deberá
librar una batalla político-cultural contra el pensamiento único
que sostiene irrestrictamente la privatización de las
actividades económicas, la desregulación de los mercados, la
mundialización financiera y la reducción del Estado a su mínima
expresión, como manifestación concreta del Consenso de
Washington.
Esta ineludible contienda deberá efectuarse a
nivel internacional y nacional. En el primer caso, integrando
bloques con aquellos países erosionados por los efectos nocivos
de la globalización con el fin de bregar por una regulación
concertada de los avasalladores movimientos de capital,
erradicar los paraísos fiscales, lograr inversiones que generen
riqueza y trabajo, e impedir cualquier cuestionamiento a los
programas de bienestar.
A nivel nacional, se trata de volver a sacar
a luz la idea de Proyecto democráticamente formulado, es decir,
de una plataforma ideal que oriente al gobierno de nuestra
sociedad. Para ello, entre otras cosas, tendremos que reelaborar
la idea de un "Estado nacional", que sea económica, monetaria y
políticamente soberano.
Este proyecto, es fácil advertirlo, no se
propone enfrentar las consecuencias, sino las causas de los
desequilibrios que genera este capitalismo que estamos
padeciendo. Nuestro objetivo no es adaptarnos a una sociedad
menos injusta, sino avanzar hacia un orden fundado en una
sociedad justa.
Un desafío de esta envergadura puede obligar,
en la transición y con el objetivo de acumular fuerzas en el
cumplimiento del derrotero enunciado, a la búsqueda de una
convergencia de fuerzas políticas afines, más aún en un
escenario en donde el incremento de la dispersión política
atenta contra la eficacia de cualquier fuerza con pretensión de
gobierno.
Ahora bien, un proyecto de estas
características sólo puede ser promovido y ejecutado por una
coalición política progresista en donde la izquierda
democrática, es decir el socialismo, desempeñe un rol
protagónico central: No puede haber coalición de
centro-izquierda sin una izquierda democrática fuerte, moderna,
audaz e inteligente. Un partido de este color ideológico y de
estas características es el mejor garante de la reconstrucción
de un país en ruinas y de la recreación de las bases sociales y
económicas para que los argentinos podamos poner fin a una
fractura social intolerable para cualquier sociedad seriamente
democrática.
Sin embargo, conviene recordar nuestras
experiencias coaliciónales recientes. Sólo así podremos evitar
futuras construcciones políticas endebles y propensas a giros
ideológicos y políticos inaceptables para una fuerza política
como la nuestra. Porque las coaliciones son creaciones políticas
a veces indispensables, pero que requieren de cuidados y de
reglas claras. Esta actitud y estas normas sólo pueden ser
garantizadas por sujetos políticos responsables. Y el partido de
los socialistas que estamos dando a luz es precisamente el fruto
de la responsabilidad. No se puede calificar de otra manera a la
decisión política de poner fin a una historia de injustificadas
fragmentaciones del espacio socialista.
Pero para lograr construir el Partido
Socialista que reclama este mundo de incesantes
transformaciones, es necesario rediscutir ciertas concepciones
ideológicas y esquemas organizativos que guiaron hasta ahora
nuestra acción política. Cuando las circunstancias económicas y
el mosaico social se modifica, las ideas-eje, el programa,
alrededor de las cuales gira nuestro trabajo político
necesariamente deben ser modificadas.
Pero si, además, el escenario nacional todo
se ve sacudido por una crisis que altera hasta grados
desconocidos las diversas instancias de la vida ciudadana y de
las instituciones alrededor de las cuales se organiza la
sociedad, las propuestas programáticas y los instrumentos
organizativos que nos acompañaron hasta ese momento tienen
necesariamente que ser repensados con una profundidad tal que
obliga a poner en juego toda nuestra inteligencia e imaginación.
Este último es el escenario en el que tenemos
que actuar. Y de nuestra capacidad intelectual y política
dependerá que desempeñemos un rol primordial o que sigamos
siendo actores secundarios.
De nuestra centenaria historia hay momentos
de los que podemos estar orgullosos. Uno de ellos es aquel en el
que los socialistas lograron fundar el primer partido político
moderno de la Argentina. Hoy tenemos la oportunidad de crear un
nuevo espacio político de confrontación de ideas, de
construcción de propuestas, un laboratorio de renovación de las
tradiciones políticas, un centro de experimentación de nuevas
formas de relacionarse con una sociedad que reclama menos
delegación y más participación.
En este camino, la estrategia a largo plazo
del socialismo, fundamentalmente, deberá contener el diseño de
una Nueva Sociedad, que reemplace al sistema capitalista, hoy
incapaz de asegurar dignidad, trabajo e ingreso al conjunto de
los pobladores de la Nación Argentina. Esa Nueva Sociedad a
alumbrar, en un largo y creativo camino, tendrá que asegurar a
todos el derecho a una inserción política, económica, social y
cultural que dé lugar a relaciones sociales libres de
explotación, dominación o cualquier manifestación de poder
coercitivo.
Como en el siglo pasado, el siglo que está
comenzando requiere de instituciones nuevas, de organizaciones
políticas inteligentes y participativas. Sin ellas no será
posible reconstruir el país arrasado. ˇManos a la obra,
socialistas!
III. LOS VALORES DEL SOCIALISMO
El trabajo político del socialismo tiene como
meta crear una sociedad sin privilegios y sin relaciones de
dominación que, siendo organizada democráticamente, se base en
los principios de libertad, igualdad y solidaridad. El
socialismo desea formar una sociedad basada en los ideales de la
democracia donde cada persona tiene su propio valor. La libertad
y la igualdad de las personas en una sociedad solidaria es el
propósito del socialismo.
El Socialismo defiende la libertad de todos y
cada uno de los individuos en el sentido de una
autodeterminación con responsabilidad social. La libertad de
cada uno es para nosotros la base para la libertad de todos los
miembros de la sociedad. La libertad no sólo significa un
rechazo de cualquier forma de dictadura y de todo sistema
autoritario sino que conlleva también conquistas sociales. La
libertad consiste tanto en ser libres de coacciones y opresiones
externas, del hambre, de la ignorancia y del miedo, como al
derecho a la autodeterminación y a la participación, a tener
posibilidades de desarrollo, a tener las posibilidades de
influenciar sobre su propia vida y de elegir su propio futuro.
Las libertades y derechos de los ciudadanos,
tales como el derecho a votar, la libertad de pensamiento y de
creencia, la libertad de expresión y la libertad de organización
son necesarias, y forman la base de la libertad, pero no son
suficientes. Las desigualdades económicas y sociales crean
condiciones distintas para que los ciudadanos puedan hacer uso
de esta libertad y para que tengan las posibilidades de influir
sobre su propia vida. La verdadera libertad para participar y
desarrollarse, es la de liberarse de la desigualdad económica,
cultural y social.
La igualdad constituye el sustento de la
libertad. En una sociedad desigual, los afectados por la
desigualdad son también necesariamente menos libres para dirigir
sus vidas. La igualdad constituye también una distribución justa
de los recursos tan importantes para la libertad del individuo,
es decir economía, educación y cultura. Como la libertad,
requiere también la igualdad estructuras sociales y condiciones
económicas que den a todos el mismo derecho y las mismas
posibilidades de desarrollo y participación. La igualdad
conlleva para nosotros el derecho al trabajo y a la educación,
así como la igualdad de derechos políticos y sociales. Los
individuos más débiles o en situación desventajosa, tienen el
derecho a políticas de apoyo y de ayuda adicionales.
La solidaridad significa que todos deben
tener el mismo derecho y la misma posibilidad de influenciar
sobre las medidas a tomar y todos deben tener la obligación de
ser responsables de las mismas. Es necesario extender la
solidaridad entre generaciones y, además entre las generaciones
presentes y las generaciones futuras.
La solidaridad excluye el egoísmo de lucrar
con otros en su propio beneficio. Para los postergados, la
solidaridad constituye un apoyo en su lucha por la justicia.
Para todos, independientemente de su propia fortaleza, la
solidaridad es una condición para alcanzar la seguridad y la
cooperación en la vida social, que solamente pueden nacer de la
confianza, y nunca de la lucha y de la competencia.
La libertad, la igualdad y la solidaridad
constituyen juntas los cimientos de la sociedad democrática, del
mismo modo que solamente una sociedad democrática puede poner en
práctica la libertad, la igualdad y la solidaridad. La
democracia constituye en sí misma los cimientos de la ideología
socialista, y sus ideales tienen que caracterizar la vida social
en toda su extensión, política económica, social y
culturalmente.
Las mujeres y hombres que integramos el
socialismo trabajamos para que los ideales de la democracia
impriman su carácter en todo el orden social establecido y en
las relaciones entre los individuos. Nuestro objetivo es una
sociedad sin diferencias de clases y sin segregación sexual o
étnica, una sociedad sin prejuicios y sin discriminaciones, una
sociedad donde todos los individuos son necesarios y donde todos
encuentran su lugar, donde todos tienen los mismos derechos y el
mismo valor, donde los niños pueden crecer y desarrollarse como
personas libres e independientes, donde todos tengan la libertad
de dirigir sus vidas y donde juntos, logren las soluciones
sociales necesarias para lograr una calidad de vida digna.
La democracia debe practicarse en muchas
formas y en muchas etapas. El socialismo aspira a un orden
social donde las personas, como ciudadanos e individuos, puedan
influir tanto sobre el desarrollo social como sobre el trabajo
de su vida cotidiana. Aspiramos a un orden económico donde cada
persona como ciudadano, asalariado y consumidor pueda influir
sobre la producción y su distribución y sobre la organización y
condiciones de su vida laboral.
El poder de la sociedad debe provenir de
todos aquellos que la integran y le imprimen sus formas. Los
intereses económicos no deben tener nunca el derecho de limitar
la democracia.
La democracia es un mínimo de socialismo; el
socialismo es el máximo de democracia.
III. UNA SOCIEDAD LIBRE, IGUALITARIA Y
SOLIDARIA
La lucha del socialismo por la libertad e
igualdad de todas las mujeres y varones en una sociedad
democrática y solidaria, se sustenta en las siguientes
propuestas:
1. La defensa irrestricta y universal de
los derechos ciudadanos.
El derecho a la vida, a la libertad de
expresión, al vivir en paz, a la información, a la
participación, se ven crecientemente amenazadas en nuestro país
por la desigualdad social y económica, la marginación, la
arbitrariedad y las tendencias autoritarias. El socialismo
compromete sus mayores esfuerzos hacia una sociedad en que las
libertades y la justicia para todos los ciudadanos sean
inviolables.
2. La equidad de género.
La desigualdad entre las condiciones de vida
de varones y mujeres en todas las clases sociales configura un
orden social injusto, llamado sistema de género.
Es imprescindible modificar ese sistema de
ideas que asigna roles estereotipados y jerarquías a la
diferencia biológica entre los sexos, porque la diferencia no
tiene por qué ser entendida como desigualdad.
En Argentina, los derechos ciudadanos
conquistados por las mujeres son en muchos casos sólo formales,
y su concreción requiere de una lucha y explicitación
permanentes.
Por ello el socialismo impulsa la equidad de
género en todas las políticas públicas y la lucha por remover
los obstáculos que limitan la autonomía de las mujeres y las
posibilidades de desarrollo personal a mujeres y varones, a
través de las siguientes propuestas:
· Paridad en la participación política de
mujeres y varones.
· Efectivo cumplimiento del principio de
igual remuneración por trabajo de igual valor.
· Garantía de todos los derechos humanos de
las mujeres, especialmente el derecho a una vida libre de
violencia.
· Responsabilidades familiares compartidas
equitativamente, favoreciendo un mayor involucramiento de los
varones en la crianza de los hijos e hijas e impulsando la
licencia por paternidad, entre otros aspectos, y la
participación de los varones en las tareas domésticas.
· Despenalización del aborto, para reducir el
número de muertes de mujeres a causa de abortos inseguros. La
tipificación del aborto como delito hace que las mujeres no
concurran o lo hagan tardíamente a los centros de salud, cuando
un aborto se complica por temor a la denuncia y a la cárcel.
· Legalización del aborto y cumplimiento
efectivo en los siguientes casos: cuando el embarazo es
consecuencia de una violación, cuando corre riesgo la salud de
la mujer, o cuando no existe posibilidad de vida extrauterina
del feto.
· El derecho de las mujeres a decidir sobre
su cuerpo, su sexualidad y su reproducción, garantizando el
acceso a métodos anticonceptivos o a la ligadura de trompas,
informada y voluntariamente.
3. La eliminación de todo tipo de discriminación.
El socialismo considera necesario luchar
contra todas las discriminaciones y fortalecer las políticas de
acción positiva para superar sus efectos. Es necesario usar la
acción pública para salir al paso de los prejuicios y valores
conservadores que, con el pretexto de sexo, nacionalidad, etnia,
preferencias sexuales, religión, ciertas enfermedades o
cualquier otro motivo, conculcan la igualdad política esencial
de los seres humanos.
4. La vigencia efectiva de los derechos de
la infancia.
El socialismo asume el compromiso explícito
con la infancia y juventud como sujetos de derecho, que deben
gozar de los derechos, libertades y garantías establecidos en la
Convención Internacional de los Derechos del Niño.
El socialismo impulsa como políticas públicas
para la infancia:
· La libertad de crecer: derecho a la vida y
al desarrollo basado en la calidad de vida y desarrollo integral
de la Infancia, integrando el cuidado del cuerpo, la promoción y
la atención de la salud.
· Saber es descubrir: el derecho a la
educación, aprender a aprender, como modo de comprender
críticamente el mundo y la cultura, garantizado por un sistema
educativo, público e igualitario, que se constituya en
provocador de formación en valores, arte, ciencia y tecnología
con criterio de multiculturalidad y con perspectiva de género.
· El trabajo creador: formar a la niñez en el
valor del trabajo y el poder transformador y creativo del mismo
en una sociedad solidaria, protegiéndola del trabajo infantil
como forma de explotación.
· Un lugar en el mundo: derecho al nombre, a
crecer en una familia, a tener una patria, una lengua,
garantizado por políticas culturales que brinden oportunidad en
la diversidad, respeto a la multiculturalidad y desarrollo de
las culturas regionales.
· Jugar es crecer: el juego es el dispositivo
de aprendizaje, integración social, e identificación cultural.
Defender y promover este derecho, es una forma de propender a la
cultura democrática y al crecimiento pleno de la infancia.
5. La participación protagónica de la juventud.
La exclusión provocada por el modelo
neoliberal es particularmente grave en la juventud, que en
Argentina incluye diez millones de mujeres y varones entre 15 y
29 años, y se traduce en la sistemática exclusión de las y los
jóvenes del acceso a las oportunidades laborales, educativas,
sociales y culturales.
Es prioritario construir alternativas con el
protagonismo de los propios jóvenes, que les posibiliten tener
un proyecto de vida digna y una responsabilidad de su destino
individual y colectivo, y crear valores solidarios y
participativos para la comunidad en la que viven y para la
sociedad en general.
En ese sentido, son propuestas del
socialismo:
Generar espacios institucionales para la
reflexión, el debate y la participación activa, donde se
fortalezca a las y los jóvenes como ciudadanos y se promueva su
identidad juvenil y social, y su inserción tanto en materia
laboral, como social y cultural.
Garantizar el derecho a la educación en todos sus niveles.
Crear ámbitos de capacitación laboral orientados a la
empleabilidad juvenil, la formación personal y la inclusión
social y laboral de las y los jóvenes.
Promover una vida sexual con libertad y responsabilidad,
garantizando la información sobre su salud sexual y
reproductiva, y accediendo a métodos anticonceptivos y a la
prevención de enfermedades de transmisión sexual como el
VIH-SIDA.
Alentar la participación juvenil en actividades solidarias de
apoyo a actores sociales con dificultades en su vida cotidiana
(personas mayores, niños en riesgo, personas con dificultad de
aprendizaje, personas con discapacidades). Acción colectiva y
participativa de la juventud en las estrategias de prevención de
las adicciones.
6. La protección integral de las personas
mayores.
Uno de los fenómenos sociales que caracterizó
al siglo XX fue la prolongación de la vida de las personas,
aunque en forma desigual entre los más ricos y los más pobres.
Al mismo tiempo, quienes llegan a edades avanzadas tienen
imposibilidad creciente de una vida plena, de un ingreso
jubilatorio digno o de cuidados adecuados a sus necesidades,
convirtiéndose en uno de los sectores más excluidos. El
socialismo considera fundamental reconstruir desde el Estado la
posibilidad de una vejez digna y con asistencia, con
autodeterminación y participación; y desde la sociedad, la
contención e integración social de las personas mayores.
Debe reestatizarse el sistema previsional y
efectuar una profunda reforma jerarquizando la eficiencia, la
transparencia y la participación de los beneficiarios.
Se debe priorizar los niveles locales,
municipales, comunales y barriales, para la generación de
programas y proyectos para las mujeres y varones adultos mayores
con plena participación de los destinatarios. Se debe fomentar
asimismo la creación de instituciones abiertas para sustituir
carencias materiales y afectivas no brindadas por el grupo
familiar.
Las personas mayores deben tener acceso a
instancias de capacitación para el desempeño laboral teniendo en
cuenta las potencialidades y experiencias acumuladas y la
ocupación creativa y participativa del tiempo libre.
Debe desarrollarse la asistencia y
acompañamiento domiciliario en los casos necesarios, con base en
las organizaciones comunitarias y en los programas laborales
solidarios para la juventud.
7. El derecho de todos al trabajo.
El socialismo entiende que pese a las
profundas modificaciones de los sistemas productivos y
laborales, el trabajo sigue siendo la actividad fundamental de
la sociedad y fuente principal de la riqueza, por lo que impulsa
las políticas de pleno empleo y el derecho de todas las personas
al trabajo digno.
El socialismo se compromete a defender las
conquistas y derechos de las trabajadoras y los trabajadores; a
dignificar el trabajo doméstico; y a que todos los trabajadores
y trabajadoras gocen de salarios dignos y prestaciones,
capacitación y condiciones de trabajo satisfactorias y seguras.
El empleo estable y bien remunerado debe ser una prioridad en
los planes y acciones de gobierno para acabar con la pobreza y
construir una sociedad justa.
El cuidado y promoción de la salud de los
trabajadores y el perfeccionamiento permanente de las
condiciones y medio ambiente de trabajo saludables es un
objetivo prioritario del socialismo. Debe impulsarse la
recuperación por el Estado del sistema de prevención y
aseguramiento de riesgos del trabajo.
En la lucha por estos objetivos, es
fundamental el fortalecimiento y democratización de las
organizaciones representativas de los trabajadores.
8. La inclusión e integración de los más
postergados mediante políticas sociales de carácter universal.
Debe garantizarse al conjunto de las
personas, particularmente aquéllas en situación de mayor
vulnerabilidad: la eliminación de su condición de pobreza sobre
la base de la solidaridad y la redistribución del ingreso,
mediante la Implementación del ingreso social mínimo
garantizado; la cobertura de salud, la seguridad alimentaria, la
educación gratuita, el acceso a jubilaciones y pensiones cuando
corresponda, y la garantía del principio de igualdad de
oportunidades.
9. Salud para todos.
El socialismo sostiene que la salud, junto
con la educación, son derechos fundamentales y constituyen los
pilares básicos del desarrollo de la sociedad.
En su sentido más amplio, la salud incluye
alimentación y viviendas adecuadas, trabajo digno, y posibilidad
de realización individual y familiar en el marco de una sociedad
solidaria.
Debe ser obligación del Estado garantizar el
acceso de toda la población a la atención de salud integrada e
integral. Ante la situación de pobreza, marginación, exclusión y
carencia de coberturas, es esencial construir ciudadanía
brindando cobertura explícita a la población, en particular a la
más postergada y vulnerable. Asimismo, es fundamental recuperar
la raíz solidaria del sistema de seguridad social.
El modelo de atención debe estar basado en la
estrategia de atención primaria de salud, y fundado en la
concepción preventiva, en la participación de la población y del
equipo de salud, en la jerarquización del primer nivel de
atención, en el desarrollo de redes que integren el conjunto de
recursos existentes en niveles progresivos de atención, y en la
calidad de los servicios, dando un lugar prevalente a la mejora
de las condiciones de trabajo, la capacitación permanente y el
protagonismo institucional del conjunto del personal de salud..
Es menester una transformación profunda del
Estado nacional para garantizar una gestión del sistema de salud
eficaz y transparente, y asumir efectivamente la autoridad de
regulación, particularmente en la concreción de una política de
medicamentos y tecnología, y el rol de articulación de las
provincias en un sistema nacional a través del Consejo Federal
de Salud. El primer nivel de atención debe descentralizarse a
los municipios con los recursos y competencias suficientes, a
fin de concretar sistemas locales adecuados a las necesidades y
con participación popular en todos los niveles de gestión.
10. La educación pública, universal,
obligatoria, laica y gratuita.
La lucha por la libertad y la igualdad de las
personas y el futuro de nuestra sociedad son inconcebibles sin
la educación.
Hoy uno de los mayores factores de exclusión
definitiva de las personas es el abandono del sistema educativo;
y uno de los principales instrumentos concretos de lucha contra
la pobreza y marginación es la permanencia de los niños y
jóvenes en la escuela. No hay en el presente y en el futuro
respuesta posible al problema del empleo sin la educación.
La educación debe constituirse en uno de los
principales instrumentos de renovación de la vida política y de
un proceso de efectiva democratización de la sociedad. En este
sentido, son sus fines: la consolidación y profundización de la
democracia, la afirmación de la identidad cultural y la
integración social.
Para ello, debe reafirmarse el rol
protagónico del Estado en la política educativa, y de la escuela
y la universidad pública como espacio de producción y
distribución social del conocimiento y de afirmación de la
identidad cultural. Se debe garantizar la gratuidad de la
enseñanza y el acceso a la educación en todos los niveles y
modalidades, asegurando asimismo la calidad educativa.
En ese camino es imprescindible promover el
acceso y permanencia de todas los niñas y todos los niños y
jóvenes a todos los niveles de enseñanza; extender la
obligatoriedad a la educación preescolar y secundaria; propiciar
la generalización del sistema de jornada completa; establecer
sistemas de becas, subsidios y servicios a todos los alumnos
cuya situación social lo requiera; promover la enseñanza para
adultos, e incorporar a toda la comunidad educativa en la
evaluación permanente y periódica y la actualización del sistema
educativo.
11. Vivienda digna y hábitat adecuado.
Las políticas de vivienda y hábitat no deben
ser vistas desde la perspectiva de la obra pública, sino que
deben formar parte del conjunto de políticas sociales como
respuesta a un derecho social.
Las políticas de mejoramiento del hábitat son
indisolubles de las demás políticas sociales en el marco de los
principios del desarrollo urbano sustentable y sobre la base de
la participación integral de los destinatarios.
El derecho a una vivienda digna y a un
hábitat adecuado, debe incluir la seguridad jurídica de la
tenencia, la disponibilidad de servicios, materiales e
infraestructura, la posibilidad de acceso al mercado de
vivienda, la habitabilidad con estándares mínimos de calidad, el
acceso prioritario a grupos desfavorecidos, la adecuación
cultural que permita la expresión de la identidad y la
diversidad, y la asistencia a las poblaciones para mantener su
hábitat.
12. La integración de las personas con
necesidades especiales.
Al menos el diez por ciento de la población
argentina sufre alguna forma de discapacidad física o mental. La
pobreza y la desnutrición subyacen como determinantes en gran
cantidad de casos. La discapacidad ha sido siempre una de las
grandes causas de exclusión.
El socialismo sostiene la prioridad de las
políticas de inclusión social y equiparación de oportunidades de
las personas con necesidades especiales. Los conceptos de
equiparación de oportunidades y plena participación, más que
apuntar a la ayuda individual para compensar la desventaja,
deben ser entendidos como la configuración de un medio social
que no presente obstáculos a personas con discapacidades, donde
puedan construir y reconstruir alternativas para una mayor
variedad de usuarios.
Este objetivo debe procurarse mediante el
afianzamiento de una cultura solidaria y participativa; la
participación protagónica de las organizaciones no
gubernamentales de los interesados y sus allegados; y las
acciones del Estado orientadas a la equidad y al desarrollo de
la prevención.
Las acciones deben abarcar respuestas a la
problemática laboral, educativa, de atención integral de salud,
prevención, de hábitat, y a la accesibilidad por supresión de
barreras urbanas, arquitectónicas y de transporte.
13. La democratización de la cultura.
Sin una política que promueva la creación y
la difusión de la cultura, se establecen divisiones profundas
entre los ciudadanos, que potencian la desigualdad económica y
social. La cultura es un elemento dinamizador de la
participación, la solidaridad y la defensa de los derechos
humanos. El acceso universal a la cultura es un elemento
esencial del fortalecimiento democrático, de la igualdad y de la
construcción de ciudadanía.
El socialismo aspira al desarrollo de una
sociedad multicultural, capaz de convivir con las diferencias y
asimilar su riqueza, en el reconocimiento de que en la
conformación de las convicciones e ideas que profesa cada
ciudadano en un sistema democrático, se cruzan movimientos
culturales provenientes de historias y latitudes diferentes que
fortalecen institucional y jurídicamente la sociedad.
Es esencial el fortalecimiento de los valores
culturales que conforman nuestra identidad y de los que nos unen
a América Latina, así como de las singularidades culturales de
las distintas regiones de nuestro país.
Debe democratizarse la producción y consumo
de los bienes culturales, y fortalecerse las industrias
culturales ligadas a la producción regional, nacional y
latinoamericana.
14. El derecho a la ciudad.
La mayor parte de la población vive hoy en
ciudades. En la ciudad transcurre la vida cotidiana de las y los
habitantes, y es el ámbito de relación más directa con los
gobernantes, por lo que la participación y la respuesta a las
necesidades tiene posibilidades más objetivas.
El socialismo sostiene la vigencia del
espacio urbano para el desarrollo de una mayor calidad de vida,
e impulsa con ese objetivo la defensa de las autonomías
municipales; la participación popular, la creación de empleo y
producción; la gestión descentralizada y la planificación y
presupuesto participativo, priorizando el acceso de toda la
población a los servicios básicos; la función social de los
espacios públicos y el uso del suelo equitativo; el libre acceso
a la actividad física, al deporte, al uso del tiempo libre y a
la cultura; la ciudad como espacio de innovación, reconciliando
el progreso científico y tecnológico con el progreso económico y
social y con sustentabilidad ambiental.
15. La preservación del medio ambiente.
El socialismo sostiene la prioridad de la
preservación del medio ambiente para las generaciones presentes
y futuras en el marco de un desarrollo equitativo y sustentable.
La degradación ambiental no es una consecuencia ineludible de la
actividad humana, sino una resultante del modelo de desarrollo
vigente.
El socialismo se propone como objetivos
básicos en lo ambiental la mejora de la calidad de vida de la
población; la compatibilidad de la planificación económica y
social con la protección de los recursos naturales, culturales y
paisajísticos y de la biodiversidad; la educación ambiental de
la población, la participación popular en la cuestión ambiental,
y la planificación y control integral de los recursos naturales
no renovables.
...........................................................................................................................................
IV. DEMOCRATIZACIÓN DEL ESTADO, LA
SOCIEDAD Y LA ECONOMíA
1. Democracia política y social.
El socialismo persigue la construcción de una
sociedad democrática, donde todos puedan organizarse libremente
para defender sus intereses; donde la ciudadanía tenga acceso a
la información y a la cultura. El socialismo entiende la
democracia no sólo como un sistema político sino también como
una forma de vida.
La democracia debe ser representativa pero
también participativa, a través del incremento de la
participación popular.
El Estado como forma de organización política
debe estar al servicio de la sociedad. El Estado debe ser
democrático, federal, representativo y participativo.
El socialismo se compromete a luchar por la
democratización del Estado con el objeto de construir una
relación entre gobernantes y gobernados basada en la
participación, en elecciones libres, y en el control permanente
de la gestión de gobierno por la ciudadanía.
Es esencial el fortalecimiento de la esfera
pública como espacio por excelencia de lucha por los derechos de
ciudadanía. La participación efectiva de las organizaciones
sociales es imprescindible para el desarrollo de la democracia
participativa.
El socialismo se pronuncia por un Estado
laico que sea tolerante con todas las formas de pensamiento y
estilos de vida.
Es fundamental el respeto a la división de
poderes y la independencia de la justicia.
2. Democracia económica.
El Estado debe reafirmar su presencia activa
y protagónica en los sectores claves de la acumulación y
distribución del excedente económico a saber: el sistema
financiero, el mercado de cambio y el comercio exterior.
Es imprescindible la recuperación de la
capacidad estatal de provisión de bienes públicos esenciales
como educación, salud, seguridad, justicia, infraestructura,
regulación de la economía y promoción del desarrollo económico.
El socialismo deberá garantizar la
democratización del poder económico aplicando las leyes que
impidan la concentración del capital, la vigencia de monopolios
y de toda forma de organización económica que tienda a ejercer
un derecho discriminatorio en contra de las necesidades de la
sociedad. En donde surjan los monopolios como necesidad de la
explotación de los recursos o como proveedores de servicios, el
socialismo deberá ejercer y aplicar las leyes que permitan
limitar el ejercicio del poder para una apropiación indebida de
la renta social. Se debe recuperar el concepto de "servicio
público" y de "utilidad pública" en el manejo de las empresas
públicas, contra la concepción vigente de la rentabilidad
privada, y fomentar la organización cooperativa en el sector.
El socialismo promoverá formas de asociación
para lograr una mayor participación de los trabajadores en la
construcción de riqueza y una distribución equitativa de los
beneficios.
Se debe constituir el Consejo Económico y
social como órgano de asesoramiento en la elaboración de planes
de desarrollo sustentables de mediano y largo plazo, a través de
una planificación indicativa, participativa y abierta..
3. Un Estado eficiente, transparente,
participativo y solidario.
Es necesario desarrollar un estado eficiente,
participativo, sin privilegios y con claros mecanismos de
control.
Un nuevo contrato social requiere de un
Estado fuerte y activo, con capacidad de planificación,
coordinación y regulación de acciones, recursos y servicios
públicos, incrementando su calidad con economía de recursos, e
implementando mecanismos efectivos de gestión por resultados y
evaluación permanente con publicidad de los mismos.
El socialismo aspira a la transparencia de
todos los niveles de gobierno para garantizar la buena
administración de los recursos y la eficiencia en los programas
y acciones de gobierno. Es esencial la aplicación efectiva del
derecho del ciudadano reconocido constitucionalmente de acceder
a la información pública, dando permanente publicidad a los
actos de gobierno.
El socialismo, como concepción de vida, lucha
por erradicar en forma definitiva la corrupción, la
arbitrariedad y el autoritarismo.
Se deben eliminar los gastos reservados en
todos los Poderes del Estado, con precisas excepciones
establecidas por Ley y mecanismos de control, sólo necesarias
para la defensa nacional
Es prioritaria la profesionalización y
capacitación de las estructuras administrativas de los Poderes
del Estado, la incorporación de nuevas tecnologías de gestión
pública, de regulación, de monitoreo, y de procesos de
modernización administrativa.
4. Sistema electoral y de partidos
políticos.
El socialismo se propone para el
fortalecimiento de la democracia y la representatividad de las
instituciones políticas:
Mejorar las formas de representación
política, facilitando la formación de partidos políticos, el
acceso ciudadano a las candidaturas, preservando el derecho de
las minorías y la proporcionalidad, garantizando el pluralismo y
estimulando la participación popular.
Garantizar los sistemas de representación
proporcional, y establecer disposiciones legislativas o
constitucionales tendientes a que los sistemas electorales
nacionales o provinciales no puedan incluir la variante del
doble voto simultáneo.
Garantizar la transparencia en el
financiamiento de los partidos políticos y las campañas
electorales mediante el control efectivo de los aportes y el
origen obligatoriamente público de la mayoría de los fondos.
Limitar el tiempo de duración de las campañas
electorales a 30 días, acotando los costos de las mismas y
asegurando los efectivos mecanismos de control del gasto
electoral.
Establecer el sistema unicameral en los
poderes legislativos provinciales a través de la modificación de
las respectivas constituciones provinciales.
Limitar el gasto de la función legislativa
nacional, provincial y municipal hasta un porcentaje del gasto
público consolidado de cada jurisdicción.
5. Autonomía municipal.
El socialismo considera al nivel municipal
como un ámbito jerárquico de participación ciudadana política y
social, por lo que es fundamental la profundización de las
autonomías municipales.
La autonomía municipal debe garantizar:
· Que los gobiernos locales puedan sancionar
sus cartas locales, determinando la organización de su gobierno
y atribuciones de los órganos del mismo.
· Libre ejercicio de su autonomía política, administrativa
económica-financiera e institucional.
· Darse sus propias autoridades mediante su elección directa y
proporcional.
· Contar con recursos económicos propios, con la libre
percepción e inversión de rentas dentro de su propia esfera de
gobierno, administrativa y financiera.
· Que los asuntos más vinculados a la vida de la ciudad sean de
competencia propia de los gobiernos locales en cuanto a las
facultades de legislación, ejecución y jurisdicción.
· Fijar su propia política municipal tomando a su cargo la
explotación de los servicios públicos locales.
· Establecer mecanismos de democracia directa o semi directa
tales como la consulta popular, la iniciativa popular,
referéndum y revocatoria de mandato.
· Establecer la política de descentralización administrativa,
participación popular, y presupuesto participativo, creando
instancias para la articulación con las asambleas populares y
los nuevos movimientos sociales.
· Concluir convenios intercomunales con municipios vecinos para
la realización y atención de obras y servicios públicos de
interés común, así como programar planes de colaboración con la
Provincia y la Nación.
· Que se establezcan suficientes garantías para asegurar el
pleno ejercicio de la autonomía, poniendo a los municipios al
amparo de las presiones y/o discriminaciones de otros poderes
extramunicipales.
...........................................................................................................................................
V. DESARROLLO CON EQUIDAD SOCIAL Y
SUSTENTABILIDAD
La extraordinaria expansión de las fuerzas
productivas durante el siglo XX (automatización, electrónica,
informática, telecomunicaciones, biotecnología, etc.) ha abierto
las mayores posibilidades para alcanzar un mundo con justicia
social y equidad, con igualdad de oportunidades, sin pobreza y
sin hambre.
Sin embargo, esta expansión ha llevado al
empobrecimiento de la mayoría de la humanidad y a la explotación
irracional y despiadada de los recursos provistos por la
naturaleza. La avidez de riqueza y de poder ha llevado a
distorsionar los objetivos de la producción de bienes y
servicios y en muchos casos han atentado contra el medio
ambiente poniendo en peligro el bienestar inmediato y futuro del
hombre. La contaminación y la degradación del medio ambiente
tienen su origen en el deseo desmedido de lucro y no toman en
cuenta los perjuicios que causan a la sociedad. El Estado y la
sociedad deben intervenir para restablecer el vínculo entre la
naturaleza y las necesidades del hombre que permitan mejorar las
condiciones de vida sin destruir el equilibrio ecológico.
El proceso económico que dé sustento y
perdurabilidad a un nuevo modelo de sociedad sólo puede
asentarse en la valorización de una economía productiva, que se
dinamice a través de un proceso de desarrollo autoorganizado y
sustentable que garantice la igualdad de oportunidades y la
creciente equidad y justicia social. Se debe avanzar en el
objetivo final de construcción de una sociedad sin clases ni
explotación social, con un proceso productivo capaz de dar una
calidad de vida digna y sustentable a todos sus habitantes, y
con la vigencia de un sistema de relaciones económico-sociales
asentados sobre la cooperación, la solidaridad y el reparto
equitativo del excedente económico total, principios que
reemplacen el lucro y la competencia propios del modelo
capitalista. En ese camino, el socialismo postula:
1. La refundación del Estado.
El Estado debe refundarse sobre bases de
eficacia social, para la plena regulación de las relaciones de
mercado, la promoción de la producción de capital nacional y la
reinstalación de un programa de redistribución progresiva del
ingreso nacional, a través de políticas sociales de carácter
universal.
El Estado constituye el catalizador social
para fijar las políticas económicas que aseguren la distribución
de la riqueza, que brinden a todos la igualdad de oportunidades
y garanticen el desarrollo sostenido. El Estado no es
prescindente en ninguna instancia de la vida económica de las
sociedades; la prescindencia es una política promovida por
aquellos que detentan el poder en cualquiera de sus formas para
apropiarse indebidamente de las riquezas creadas por el trabajo.
La reforma del Estado, debe tener como meta
convertir al "empleo público" en modelo de una "ética del
trabajo" y de gestión moderna, de modo que la administración
pública argentina obtenga la necesaria legitimidad para asumir
su rol regulatorio en economías de mercados. Pero para ello, el
Estado tiene que desarticular la "lógica rentística" de su
interior, que se manifiesta a través del clientelismo, la
ineficiencia, el atraso tecnológico y el empleo improductivo de
recursos
Donde hubiere un monopolio natural
insuperable, regulará estrictamente la actividad y fijará
tarifas con el fin de lograr resultados similares a los que
produciría la competencia.
El Presupuesto Nacional, la ley de las leyes,
tendrá que ser preparado anualmente, antes de su elevación al
Congreso nacional, mediante una amplia discusión popular y
participativa, que permita incluir en su articulado, la voluntad
de la mayoría de los habitantes del país.
Es condición esencial, además, poner en
marcha una nueva estrategia presupuestaria de la Nación, las
Provincias y los municipios de tal modo que el balance de
ingresos y egresos públicos asegure un sustancial incremento de
los recursos fiscales consolidados del Estado. Este nuevo
escenario debe garantizar ingresos suficientes para ir ampliando
decididamente la provisión de bienes públicos en cantidad y
calidad necesarios a fin de elevar en forma sustancial la
calidad de vida del conjunto de la población.
El mantenimiento de los gastos necesarios del
Estado para garantizar la oferta incondicional de los bienes
públicos en forma gratuita y sin limitaciones requiere de un
sistema tributario basado en el principio irrenunciable que
expresa: el que más recursos tiene más aporta al Fisco. Una
revisión integral de la estructura impositiva permitirá, con un
sistema progresivo de tributación, redistribuir el ingreso a la
vez que posibilitar el funcionamiento del Estado en los niveles
propuestos.
Es central la reducción sustancial de la
evasión, a través del fortalecimiento de los organismos de
recaudación y de la simplificación del sistema y de sus normas
de aplicación.
2. Un nuevo modelo de desarrollo.
Es central la existencia de un mercado interno fuerte y
consolidado, que garantice la inserción internacional y mundial,
cimentado sobre aquél, que crezca alentado por políticas de
promoción basadas en ventajas comparativas y dinámicas.
El mercado interno sólido debe sustentarse en
la distribución del ingreso nacional sustancialmente más
progresiva que la actual a través de la elevación sistemática
del salario real, el incremento de la ocupación plena y el
combate frontal a la pobreza, ubicando en su función esencial de
apoyo a la política de crecimiento y de equidad en el reparto de
los frutos de tal crecimiento, al sector financiero.
El proceso productivo destinado a fortalecer
el mercado interno debe orientarse hacia la creciente
integración de sus fases constitutivas reduciendo en forma
progresiva la dependencia de la provisión externa de insumos y
bienes de producción. Ello implica una política decidida a
incorporar valor agregado a la producción en una estrategia de
reindustrialización integrada, lo que supone mayor trabajo
nacional en reemplazo del trabajo importado.
La conformación de áreas con actividades
interdependientes, "manchones" o "clusters", en donde un proceso
se encadena a los demás y conforma, así, un espacio productivo
altamente intervinculado, permite fortalecer la gestión,
recuperar los beneficios de la aglomeración y evitar
filtraciones hacia fuera de los beneficios de la actividad
productiva, de la generación de tecnología y de la reducción
planificada de costos.
. Para este proyecto refundacional, el gasto
público y el consumo interno constituyen los ejes de una
estrategia central. No se crece exclusivamente a través del
mantenimiento de mercados exteriores, ni se puede incrementar
las exportaciones sin una política productivista que incorpore
la sustentabilidad social y ambiental.
Una nueva política para la provisión de
bienes públicos descansa en la aceptación por parte del conjunto
de la sociedad de que existen bienes y servicios que forman
parte indisoluble de la supervivencia de los habitantes del país
y, por ello, deben estar fuera de las relaciones de mercado,
como meta a alcanzar en un lapso lo más breve posible. En el
actual sistema de propiedad de las empresas que proveen de esos
bienes públicos y de su modalidad de gestión, la entrega de
tales servicios a la sociedad están plenamente sujetos al manejo
mercantilista y a la obtención de lucro con su oferta al consumo
público. La privatización y la concesión de gran parte de las
empresas que los proveen supone que el precio o las tarifas de
los mismos se corresponden exclusivamente con el objetivo de
maximizar la tasa de ganancia y no el de satisfacer necesidades
básicas para la subsistencia.
El socialismo propone encarar una estrategia
decidida hacia el rescate de esas empresas o de las concesiones
otorgadas, como ser para la provisión de agua, energía
eléctrica, gas, transporte público, fuentes de energía no
renovable, etc. Ese rescate que puede comenzarse con la
discusión legal de la licitud de las concesiones, la no
renovación de las mismas a su vencimiento o el retorno inmediato
de las ya vencidas al patrimonio social colectivo lo que implica
poner tales empresas en manos de la sociedad, como unidades de
gestión social, administradas por quienes son sus trabajadores y
consumidores, con el objetivo de proveer a todos los habitantes,
sin excepción y a valores que sean accesibles, de los bienes y
servicios que producen.
El socialismo comprende y acepta que las
fuerzas productivas necesitan de los mercados para expandirse,
perfeccionarse, incorporar las mejoras tecnológicas y alcanzar
un equilibrio. Este desarrollo deberá tener como fin la
democratización de las posibilidades individuales y la
eliminación de la pobreza. El socialismo sostiene la necesidad
de la planificación democrática de la economía para un mejor
desarrollo y aprovechamiento de los recursos sociales.
Esa misma expansión creó también las
condiciones para la concentración del poder económico, los
monopolios y los oligopolios, que han logrado basar su fuente de
riqueza en la explotación del trabajo. El socialismo debe
imponer los límites a esta concentración de riqueza para ponerla
al servicio de la sociedad.
3. La economía social.
La producción moderna se basa en grandes
aportes de capital, por lo que el socialismo considera necesario
modificar las pautas de acumulación, a través del rol de la
economía social, basada estructuralmente en una concepción
democrática de las organizaciones económicas que permiten por su
particular administración, una mejor distribución de los
beneficios.
El capitalismo ha establecido un sistema de
poder por el que quien controla el capital tiene la decisión, y
los derechos de las personas son valorados según su rentabilidad
económica. Esto genera extraordinarias injusticias y fuertes
tensiones sociales dentro de cada país y entre países, e impacta
sobre el agotamiento de los recursos naturales y el daño al
medio ambiente.
Frente a esta concepción que busca sólo la
maximización de los beneficios, la economía social procura
desarrollar empresas sociales con gran capacidad de producción y
una justa y eficaz distribución de los excedentes económicos.
Una economía democrática no está libre de
conflictos de intereses, dificultades y nuevas exigencias de un
mundo cambiante; pero es una concepción apta para la búsqueda de
la armonización de los diversos intereses sociales y para
supeditar al capital a las decisiones democráticas.
Las entidades de economía social son
potencialmente uno de los grandes sujetos de la economía moderna
en el desarrollo de una sociedad de bienestar y su disfrute.
Es imprescindible contribuir a un correcto
funcionamiento de las empresas sociales o asociativas, a fin de
que cumplan estrictamente los valores y principios que conforman
su concepto esencial, útiles para actuar como contrapoder y
necesarias para promover fórmulas alternativas de gestión allí
donde el mercado no actúa o donde existen graves riesgos de
desatención a necesidades elementales de la sociedad.
La democracia económica exige una
participación igualitaria y una cualificada cogestión de los
trabajadores en las decisiones sociales y económicas que el
manejo de estas asociaciones requiere.
La formación y capacitación de los
ciudadanos-trabajadores-consumidores es imprescindible para el
adecuado funcionamiento de estos sujetos solidarios que
eventualmente deben competir en mercados adversos frente a
grandes concentraciones de capital.
El cooperativismo, el mutualismo, el
sindicalismo y el asociativismo nacieron al calor de las ideas
socialistas de pensadores como Juan B. Justo, desde las primeras
organizaciones obreras de fines del siglo XIX, como alternativa
a la conformación de la plusvalía capitalista, y como búsqueda
de nuevas formas de trabajo asociado que enaltezcan el trabajo
del hombre en sociedad. En estas organizaciones debe existir la
primacía de la persona humana, el avance social, una
distribución equitativa del producto, la capacitación y la
participación. Se trata de organizaciones libres, organizadas
bajo principios solidarios, alternativas a las organizaciones
expoliadoras que impone la globalización capitalista, que
pretenden aportar a un nuevo modelo de sociedad y de acumulación
de capital: el capital social. Se dirigen a sustituir el
egoísmo, el individualismo y la concentración personal del
capital, por el trabajo asociado, la gestión compartida y el
patrimonio social.
El socialismo ratifica su compromiso de
impulsar este sector de la economía por el que miles de
ciudadanos participan de cooperativas, mutuales, empresas
cogestionadas, organizaciones de consumidores en cooperativas de
consumo, de servicios públicos, de trabajo autogestionado, de
servicios de salud, marcando un rumbo diferenciador en la
economía y en la sociedad contemporánea.
4. Sistema bancario y financiero.
El sistema bancario y financiero debe estar
en función de apoyo y consolidación al aparato de producción de
bienes para el consumo interno, a la demanda de los habitantes
para satisfacer consumos indispensables para su subsistencia y a
la exportación privilegiando a las pequeñas y medianas empresas,
a las unidades productivas inscriptas en el modelo de la
Economía Social y a los sectores productivos más postergados del
interior.
Este sistema bancario estará asentado,
prioritariamente, en la banca pública y la de carácter
cooperativo, a la cual se le brindará todo el apoyo necesario
por parte del Banco Central para su eficaz funcionamiento. El
citado Banco Central será una herramienta más dentro de la
estrategia de desarrollo del Proyecto Nacional, actuando en
plena sintonía con la política económica oficial y operando como
el ejecutor de la estrategia crediticia arriba explicitada.
Se debe sancionar una nueva ley de entidades
financieras, que reconozca el carácter de servicio de la
actividad financiera y su importancia crucial para el desarrollo
económico y social equitativo, y favorezca la instalación de
entidades financieras pequeñas, de carácter local y regional,
con una regulación adecuada para sus actividades y tamaño.
Es necesario modificar la Carta Orgánica del
BCRA a efectos de establecer la promoción del desarrollo de la
economía como objetivo de la autoridad monetaria, conjuntamente
con la defensa del valor de la moneda; incorporar como
obligatorio el establecimiento de políticas financieras
orientadas a las pequeñas y medianas empresas y las economías
regionales por medio de exigencias de reserva o encajes
diferenciales; ampliar sus funciones para actuar como
prestamista de última instancia; y facultarlo para ejercer
política activa, tanto para regular las variables monetarias y
crediticias, como para regular eventualmente variables
cambiarias y de pagos externos.
Se debe mantener la propiedad pública de los
bancos que aún están en manos del Estado nacional, provincial y
municipal que ante la fuerte concentración actual del sistema
financiero, constituyen elementos importantes que contrapesan el
comportamiento oligopólico de las entidades financieras. Estas
entidades públicas, deberán atender prioritariamente a la
pequeña y mediana empresa, y hacerse cargo de los préstamos de
fomento para productores en emergencia (inundaciones, shocks
externos, etc) Paralelamente, deberá crearse una fuerte
auditoria en estas entidades para evitar los denominados
"préstamos políticos" o "prestamos de favor"
Se deberá fomentar la creación de bancos de
capital nacional y favorecer las operaciones de los mismos, pues
su destino como instituciones dependen de la evolución de la
economía doméstica, lo que permite un mayor control y aumenta
las posibilidades de que estas entidades participen en los
objetivos de política económica que se esbozan en este programa.
5. Economías regionales.
Es fundamental un programa nacional de apoyo
y reconversión de las estructuras productivas del interior del
país, con especial preferencia dirigido hacia el segmento de la
pequeña producción rural y urbana, y que incluya.
Un Programa de fortalecimiento de la
capacidad de gestión de las pequeñas unidades productivas,
acompañado de una política de regularización fundiaria y de
formalización de las relaciones laborales y de inserción en los
sistemas de previsión y medicina social.
Un programa de apoyo al accionar en común, mediante prácticas
asociacionistas, de todos los productores a fin de fortalecer su
presencia en el mercado y asegurar poder de negociación frente a
la creciente estructura concentrada de oferentes de insumos y
tecnología y de adquirentes de los productos.
Un Programa de defensa del precio de los bienes que producen
tales agentes económicos, mediante la conformación de un Fondo
Especial, al estilo de lo que se hace en todas las economías
desarrolladas, administrado por los mismos productores con
asesoramiento estatal y que impida fuertes oscilaciones en los
ingresos de los productores ante variaciones internacionales en
la cotización de los bienes que elaboran.
Un Programa de financiamiento barato, fuertemente subsidiado,
instituído con el apoyo de la banca estatal y cooperativa y la
obtención de financiamiento internacional para reequipar a los
productores y otorgarles recursos para el proceso de producción,
comercialización e incorporación de valor agregado en las mismas
regiones productoras.
Debe crearse asimismo, un Consejo Nacional de
Transformación Productiva con Equidad Social para las Economías
Regionales, compuesto de representantes del Estado nacional, de
las provincias, de las universidades, de los organismos de
ciencia y tecnología y de los mimos productores para diseñar el
desarrollo del programa y pautar sus costos y estrategias
sectoriales y globales.
6. La reforma urbana.
Nuestro país debe programar urbanística y
territorialmente su desarrollo. Debe darse por lo tanto una
respuesta racional y austera contrapuesta al despilfarro que
históricamente se ha hecho de nuestros recursos naturales y
artificiales, producto de una acción relativamente "espontánea"
y especulativa del sector privado y aún del propio Estado en sus
tres niveles.
Debe desarrollarse un plan de previsión en
cuanto a la formación de reservas de suelo para la progresiva
expansión controlada y racional de los núcleos urbanos.
Reubicar la problemática de la planificación
urbana y territorial significa interpretar verdaderamente el
valor económico y social del ambiente construido urbano y rural.
Esta nueva concepción debe tender a un desarrollo armónico y
equilibrado de la ciudad y el territorio, y a mejorar la calidad
de vida de sus habitantes.
Es necesario un proyecto social de uso más
equitativo del territorio que implique la recuperación de la
dimensión pública de los procesos de ordenación y planificación
física del suelo, y eliminar los factores que conllevan
sobreganancias diferenciadas en el mercado inmobiliario. Una
nueva concepción que ponga al derecho de propiedad en función
social, y una gestión urbana que propicie la participación de
todos los actores que intervienen en la ciudad, a través de una
política de descentralización.
7. Ciencia e investigación.
La investigación científica y el desarrollo tecnológico son
instrumentos necesarios para resolver los problemas que afectan
al bienestar social y para mejorar las condiciones de vida de
todos los ciudadanos. El socialismo quiere que los conocimientos
científicos y las innovaciones tecnológicas estén presentes en
nuestros hospitales, en nuestras escuelas y universidades, en
las empresas, en nuestras redes de transportes y comunicaciones,
en nuestra vida cotidiana, y contribuyan a la igualdad de
oportunidades y a la generación de empleo.
Debe promoverse la investigación básica, la relación entre la
investigación pública y las actividades empresariales, y la
innovación tecnológica como factor estratégico del desarrollo
del sistema productivo.
Es necesario afianzar al CONICET, INTA, INTI y demás organismos
estatales de investigación, profundizar el rol de las
universidades estatales como centros de investigación, y la
inversión pública en ciencia y tecnología y en formación de
investigadores.
...........................................................................................................................................
VI. INTEGRACIÓN EN EL MERCOSUR,
COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y PAZ MUNDIAL
1. La paz mundial.
El mundo está presenciando la proliferación
de conflictos regionales y una creciente intervención militar de
los países más grandes en los asuntos internos de otros países.
La desaparición del conflicto Este-Oeste, que durante tanto
tiempo pusiera al mundo al borde de la guerra nuclear, no trajo
una época de paz y de crecimiento. La NATO ha expandido su poder
mediante la incorporación de otros países, un importante aumento
de su arsenal militar y un permanente despliegue de las fuerzas
militares para intervenir en otros países.
El socialismo está a favor de un orden
internacional basado en la paz y en el respeto a la soberanía de
los países. Estas condiciones son necesarias para garantizar las
posibilidades del desarrollo de todos los países y del bienestar
de los pueblos. El sistema mundial debe estar basado en la
cooperación internacional para construir un mundo donde puedan
darse las condiciones para el desarrollo de la potencialidad del
ser humano. En esas condiciones no hay lugar para la existencia
de alianzas militares de cualquier signo y justificativo alguno
para las enormes sumas destinadas a financiar los gastos
militares.
Todos los pueblos necesitan contar con las
garantías de justicia y paz que permitan construir un mundo
mejor. El socialismo cree en la existencia de un derecho
internacional equitativo, con organizaciones representativas que
preserven la paz sin opresión tanto para los países grandes como
para los países chicos.
Las organizaciones supranacionales como las
Naciones Unidas y sus organismos dependientes deben garantizar
la representatividad, con una efectiva democratización que evite
la utilización de los mismos por parte de las naciones más
grandes y las intervenciones unilaterales en otros países. El
socialismo apoya la creación de la Corte Internacional de
Justicia destinada a preservar la paz, el respeto a las minorías
y la vigencia de los derechos humanos.
El socialismo rechaza el terrorismo de
cualquier signo, y también el terrorismo ejecutado por los
Gobiernos con la excusa de ejercer el derecho a la defensa. El
terrorismo conduce a la pobreza, a la explotación y a la
represión indiscriminada con la pérdida de vidas humanas que no
pueden justificarse. El terrorismo no puede ser combatido
únicamente con la fuerza; es necesario solucionar los problemas
de hambre y miseria, que significan la pérdida de la dignidad
del hombre, mediante la implementación de programas específicos
destinados a integrar a toda la humanidad en el proceso del
progreso. Los países desarrollados deben contribuir a mejorar el
bienestar de los países más atrasados por un principio ético
irrenunciable, siendo además una forma de crear las condiciones
sistémicas para eliminar el terror.
2. La Integración regional y el Mercosur.
Respuesta a la globalización.
El mundo avanza hacia una mayor integración
de las naciones y de los pueblos. Los intercambios económicos,
comerciales y culturales han acercado a los pueblos mediante la
desaparición de las distancias y los tiempos.
La globalización actual irrumpió en las
relaciones internacionales de la mano de los intereses
financieros y de las corporaciones multinacionales que controlan
los flujos financieros y las dos terceras partes del comercio
internacional. Existe un mundo financiero que no respeta las
fronteras, que invade las soberanías y que está a disposición de
los intereses más poderosos. Los únicos países que han logrado
reducir la pobreza en este período de globalización han sido
aquéllos que han sabido mantener el control sobre sus destinos.
La globalización ha acentuado la dependencia
de las naciones de los organismos internacionales como el Fondo
Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización
Mundial de Comercio, los que se han erigido en guardianes de los
capitales financieros, imponiendo condiciones y políticas que
sólo perpetúan el atraso.
El socialismo apoya la desaparición de las
fronteras y la libre circulación de bienes. Pero esta
liberalización debe ser progresiva, equitativa, con reglas
equilibradas y respetadas por todos los países. La
liberalización del intercambio en las condiciones fijadas por
los países desarrollados y sus intereses comerciales no ha sido
equilibrada y no ha respetado tampoco los principios de lograr
una mejor distribución de los ingresos. El libre intercambio
debe implicar la apertura de los mercados de los países
desarrollados a los productos del mundo subdesarrollado.
El socialismo aspira a una globalización
dirigida a satisfacer los intereses de las mayorías y aprovechar
las ventajas de la desaparición de las fronteras. Una
globalización dirigida a superar la pobreza y la miseria en el
mundo.
El Estado debe asegurar que la explotación de
los recursos naturales sirva al desarrollo del país mediante el
control de la renta que genera su explotación. El excedente debe
servir para mejorar las condiciones de vida de la población y
aportar al desarrollo de sectores productivos. El Estado debe
crear los medios para evitar la transferencia de los excedentes
hacia las casas matrices en los países centrales mediante la
utilización de técnicas contables o sociedades fantasmas.
Al mismo tiempo, nuestra relación con los
organismos multilaterales de financiamiento deberá basarse, de
modo irrenunciable, en el resguardo de nuestra plena soberanía
nacional, reconociendo nuestra pertenencia a dichas
organizaciones pero negociando con ellas en un plano de plena
igualdad, sin ningún tipo de condicionamientos y reclamando el
trato igualitario que las cartas fundacionales de tales
organismos oportunamente estipularon.
En la misma dirección, el elevado peso del
pago del capital y los intereses correspondientes a la Deuda
Pública deben dejar de ser un factor altamente distorsivo en el
uso de los recursos presupuestarios nacionales. Así, previo a un
análisis acerca de la licitud de la citada Deuda, sólo se va a
hacer frente a aquella parte que es legítima, luego de una
fuerte quita y un extenso periodo de espera para permitir el
relanzamiento de la economía nacional.
En el proceso de globalización, se torna
imprescindible propiciar una estrategia de inserción en el
escenario económico internacional que privilegie la integración
de los pueblos latinoamericanos ,dé impulso a la plena
participación del pequeño y mediano empresariado nacional y
democratice el funcionamiento de los organismos de cooperación
subcontinentales, a partir de la conformación de un parlamento
regional, consagrado por el voto popular. Ello supone el
rediseño del MERCOSUR para que deje de ser un instrumento
cautivo de los grandes grupos económicos y se transforme en la
herramienta de intercambio comercial, cultural, científico,
social y consolidación política de los pueblos que lo componen,
ampliándolo al resto de los países latinoamericanos y ocupando
un lugar en el proceso globalizador a favor de los trabajadores.
...........................................................................................................................................
QUIENES SOMOS, POR QUÉ LUCHAMOS
1. Las mujeres y los varones que integramos
el Partido Socialista nos comprometemos con el ideal de una
sociedad en la que el ser humano esté en el centro de sus
preocupaciones, en el marco del pleno ejercicio de la
democracia. La libertad y la igualdad de las personas en una
sociedad solidaria es nuestro objetivo.
2. Los hombres y mujeres del socialismo
reivindicamos el aporte que el socialismo ha realizado en su
larga y fecunda trayectoria a las ideas políticas, sociales,
económicas y culturales de nuestro país, muchas de las cuales
hoy son parte del derecho argentino.
3. La política es para nosotros impensable
sin el debate y la participación. En la forma como debatimos y
como participamos deben reconocerse las metas que perseguimos.
En la competencia política, el fin no justifica los medios.
4. En una sociedad como la nuestra, donde
existe una fuerte crisis de representatividad y de legitimidad,
las personas reclaman cada vez más el derecho de ser ellos
mismos activos participes de los cambios. Sólo donde las
personas pueden participar con responsabilidad en la gestión
política y tener con ello la evidencia que sus iniciativas son
realizadas, se da la fuerza necesaria que requiere la cultura
política de una democracia social.
5. Los hombres y mujeres que integramos el
socialismo trabajamos por una economía que garantice el pleno
empleo para todos. Una sociedad que promueva una justa división
del trabajo remunerado y el no remunerado del hogar entre los
géneros.
6. Hasta que el pleno empleo se concrete, el
Estado debe garantizar que no haya ninguna familia argentina que
no pueda cubrir sus necesidades básicas. Por ello proponemos un
ingreso mínimo social garantizado, que sea asignado a cada jefa
o jefe de hogar desocupado.
7. Hoy después de transcurrido más de un
siglo de la redacción de nuestra declaración de principios, la
precarización del empleo que sufrió nuestra sociedad nos obliga
a plantear nuevamente el pleno respeto de la jornada laboral de
8 horas y un mínimo de 36 horas continuas de descanso semanal.
8. Los socialistas queremos un movimiento
sindical fuerte y democrático para defender los intereses del
trabajo frente al capital. Por lo tanto es necesario terminar
con el monopolio de la representación sindical y constituir
nuevas organizaciones fuertes y democráticas.
9. Los socialistas proponemos crear los
mecanismos sociales y gubernamentales para garantizar la plena
vigencia de los derechos humanos en su amplia concepción. Una
sociedad con igualdad y solidaridad entre mujeres y hombres,
entre jóvenes y ancianos, entre las generaciones presentes y
futuras, entre argentinos e inmigrantes.
10. Promover la economía social a través de
la generación y difusión del cooperativismo, mutualismo,
empresas de carácter asociativo y gestionadas colectivamente. La
economía social es una alternativa a la maximización de los
beneficios que nos propone el capitalismo, y puede lograr
empresas sociales con gran capacidad de producción y una justa y
eficaz distribución de los recursos económicos. La economía
solidaria es una herramienta central para combatir la pobreza y
el desempleo.
11. Los socialistas entendemos que los
mercados son un positivo mecanismo para la innovación productiva
y una eficiente asignación de los recursos de la economía, pero
librados a su suerte son generadores de profundas desigualdades
sociales. Proponemos una fuerte intervención estatal, para
contener y regular los efectos nocivos del libre funcionamiento
de los mercados. Los socialistas aceptamos una economía con
mercado, pero no una sociedad de mercado.
12. Proponemos refundar la estructura y las
funciones del Estado en todos sus niveles y ámbitos operativos.
Creando un Estado eficiente, moderno, capacitado y equilibrado,
que este al servicio de las mayorías nacionales. El Estado debe
garantizar el acceso a la seguridad alimentaria, educación,
salud, vivienda, equipamiento e infraestructura social.
13. Es necesario diseñar una política fiscal
equilibrada, con fuentes de financiamiento de base progresiva y
que elimine los núcleos de evasión. El gasto debe estar
directamente articulado a las directrices de la política
económico social, buscando atacar las fuentes de asimetrías y
desigualdades que distorsionan el mapa social argentino.
14. Crear un sistema científico y
tecnológico, con la activa participación de las Universidades
Nacionales, que sirva de soporte a la innovación y desarrollo en
las actividades productivas y de servicio, en particular
aquellas que puedan ser implementadas por las Pymes. Destinar
los recursos materiales, científicos y culturales, para insertar
de manera competitiva a la Argentina a nivel regional y mundial.
15. Trabajamos por una economía sustentable,
que haga un uso racional de sus recursos y que promueva la
utilización de fuentes de energías limpias y renovables. Nos
oponemos al uso de todo tipo de energía nuclear. Crear
organismos eficientes y participativos, para controlar y anular
los factores que destruyan el equilibrio ambiental en el ámbito
rural y urbano.
16. Proponemos revisar y renegociar la Deuda
Pública con los organismos multilaterales de crédito.
17. En el espacio regional, trabajamos por
fortalecer los avances logrados en el Mercosur, dando especial
relevancia a los emprendimientos sociales de empresas pequeñas y
medianas, atacando desequilibrios y asimetrías de poder,
culturales, ambientales y territoriales.
18. Creemos en la posibilidad de constituir
una comunidad democrática de Naciones que asuma una
responsabilidad común por un futuro con Paz y más justo para
todos los habitantes de la tierra. Una humanidad que se libere
de la locura de la carrera armamentista, que promueva la
resolución de conflictos a través de medios pacíficos y que
concentre sus esfuerzos en la preservación de la naturaleza y la
derrota de hambre que todavía aflige a millones de seres
humanos. Para el logro de estos objetivos coordinamos nuestras
acciones con todos los partidos Socialistas, Socialdemócratas y
Laboristas que abrazan nuestros principios en distintas partes
del mundo y en particular en el cono sur de América.
|